Estoy convencido de que cada
persona tiene el poder de acercarse o alejarse de una vida exitosa. No creo que
nada determine qué persona va a triunfar y qué persona va a fracasar en la
vida: depende de nosotros y de lo que decidamos hacer con nuestra existencia.
Para que a cada uno le vaya mejor
en la vida hay muchos factores a tomar en cuenta. Los que siguen son algunos de
los que considero más importantes:
1.
Fíjate metas realistas. No hay nada peor que ver
a una persona aspirando a lograr metas que, objetivamente, están fuera de su
alcance. Examina qué fortalezas y qué debilidades tienes. En función de ese
análisis fija tus metas, manteniéndolas dentro de lo alcanzable y realizable.
2.
No te preocupes en exceso por los problemas que
te aquejan. Ocúpate en resolverlos, identificando los pasos que hay que dar
para poder superarlos.
3.
Dale a cada problema su justa dimensión. A veces
pensamos que hay problemas que son más grandes de lo que verdaderamente son.
Tómate el tiempo para valorar correctamente el tamaño de las dificultades que
tienes enfrente.
4.
Ten la suficiente flexibilidad para ajustar tus
planes, según se vayan dando las cosas. Conozco a muchas personas que creen que
la inflexibilidad respecto de lo que se proponen las hace mejores. No es
cierto. Las personas que logran triunfar son aquellas que mejor se adaptan a su
entorno y que tienen la suficiente visión para ver de qué manera es mejor
desarrollarse en función de ese mismo entorno.
5.
No le tengas miedo a los cambios. La vida
moderna (la que nos ha tocado vivir) supone un cambio de grandes dimensiones a
muy alta velocidad. Vivimos una “modernidad líquida” (para decirlo con las
palabras de Zygmunt Bauman). Cambiar formar parte de nuestra realidad y debemos
estar abiertos a lo nuevo que nos va trayendo la vida. Todo cambio debe ser
visto como una posibilidad de mejora.
6.
Controla los aspectos más relevantes de tu vida.
Mucho de lo que nos sucede no depende de nosotros, pero no debes dejar que
ningún aspecto importante, verdaderamente trascedente, de tu vida quede en
manos de los demás. Nadie puede decidir por ti sobre los temas más decisivos de
tu vida. Esas decisiones las debes tomar solamente tú, pues de ellas dependerán
tu presente y tu futuro.
7.
No intentes quedar bien con todos. Cuando una
persona actúa y toma decisiones, genera diversas reacciones en los demás. A
veces se producen reacciones positivas y a veces no. No debes preocuparte por
ello. Es normal. Una persona solamente puede bien con todos cuando no toma
ninguna decisión ni hace nada relevante. Tener opiniones, expresarlas y actuar
conforme a las propias convicciones generará adeptos y adversarios. Siempre ha
sido así y siempre seguirá siéndolo. Hay que aprender a vivir con ello y seguir
adelante sin que las opiniones negativas nos detengan.
8.
Toma cada crisis como una oportunidad de
mejorar. Nadie está exento de pasar por alguna crisis a lo largo de su vida. A
veces se producen por cuestiones afectivas o sentimentales, a veces por
importantes pérdidas patrimoniales o a veces por la muerte de un ser querido.
No debes dejar que el lamento y el duelo por esos hechos atenace tu vida. Hay
que sobreponerse a las crisis y salir adelante habiendo tomado de la
experiencia las lecciones que en cada caso correspondan.
9.
No vivas con miedo. En nuestra época existen
muchos factores para sentirnos angustiados y miedosos. La cantidad de
catástrofes que suceden alrededor del mundo (o incluso muy cerca de nuestro
entorno) abonan hacia un sentimiento de permanente riesgo para nuestra vida,
nuestra integridad física, nuestro entorno profesional o familiar. Todo eso
existe y sería irresponsable negarlo. Pero no debes dejar que el miedo guie las
decisiones que debes tomar en tu vida. Tampoco el miedo debe dominarte hasta el
grado de impedirte disfrutar de todo lo bueno que te ofrece la vida. Hay que
tener el valor de vivir sin miedo.
10.
Aprende a no mirar atrás. Cada persona tiene un
pasado en el que confluyen experiencias positivas y negativas. Hay que valorar
todo eso, pero sin dejar que el pasado suponga un peso para ver hacia adelante,
para planear adecuadamente lo que sigue en nuestras vidas y, sobre todo, que no
te permita disfrutar cada momento. Hay que ser optimistas y pensar que, aunque
hayamos tenido muchos momentos felices en nuestra vida (momentos que atesoramos
y recordamos con afecto e incluso con nostalgia), lo mejor de todo todavía está
por venir. El futuro es una carta que cada uno de nosotros escribe momento a
momento. De cada uno depende, en buena medida, que su contenido sea
satisfactorio o frustrante.
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