El día de ayer, 20 de junio, la Suprema Corte de
Justicia de Estados Unidos, falló en contra de la
class action
presentada por 1,5 millones de mujeres. Betty Dukes, quien junto con otras
cinco mujeres demandaron a Walmart en 2001 por diferencias salariales, de
prestaciones y ascensos en razón de su sexo, vieron con esta decisión una
batalla perdida donde el peso de la balanza se inclinó a favor del gigante. Con
una Corte dividida de 5 contra 4, los jueces más conservadores
rechazaron la acción colectiva por
insuficiencia de pruebas que mostrara la existencia de una "cultura de
prejuicios" en las políticas laborales de la empresa, siendo que ésta
tiene prohíbe de manera expresa la discriminación.
Sin embargo, las cifras mostraban que mientras
las mujeres representan un 70% de la fuerza laboral ganan un 14%
menos que los hombres y ocupan sólo 33% de los puestos administrativos. Así, en
opinión de la
justice Ginsburg, del voto minoritario, la práctica
de Walmart de delegar a los supervisores la decisión discrecional sobre
compensaciones y ascensos los hace vulnerables a los estereotipos y prejuicios
de género sin que sean conscientes de ello.
Lo preocupante es que con esta decisión se manda un desafortunado
mensaje sobre la defensa de los derechos civiles contra los grandes
corporativos.
Ver las notas en El
país y The New
York Times