Artículo del Dr. Miguel Carbonell publicado el día de hoy en la página web ADN político.
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Ahora, a exigir que se cumplan las promesas
Miguel Carbonell
IIJUNAM
En una parte de la sociedad mexicana existe la convicción de que el
ejercicio de la ciudadanía se agota al ir a votar cada 3 o cada 6 años.
Se trata de un visión simplista, pero muy extendida, según la cual la
democracia se resumiría en el momento de la contienda electoral, de
forma que los ciudadanos cumplen con su papel si van a votar y luego
pueden proseguir con sus actividades ordinarias, sin preocuparse más del
funcionamiento de la democracia mexicana.
Lo
cierto es que la democracia –en México y en cualquier otro país que
merezca ser calificado como democrático- es un modelo mucho más
exigente. Lo es para los gobernantes, sin duda alguna. Pero lo es
también para los ciudadanos, que deben jugar un papel activo en el día a
día del juego democrático. No es posible concebir ningún sistema
democrático sin la participación popular, la cual debe producirse de manera permanente y no esporádica.
Vale
la pena recordar lo anterior una vez que ha iniciado sus trabajos la
nueva Legislatura del Congreso de la Unión y que está próximo el
recambio en el poder Ejecutivo federal. Tanto los ahora legisladores
como el presidente electo hicieron muchas promesas siendo candidatos. Es
momento de recordarlas, tenerlas bien anotadas y exigir que se cumplan
puntualmente.
Pero es importante que esa exigencia no se plasme solamente a través del voto en el año 2015 o en el 2018.
Por el contrario, muchos de los problemas del país requieren de
atención urgente, de modo que no podemos perder ni un momento para
intentar resolverlos.
Los ciudadanos pueden convertirse en
factores de exigencia y de presión de muchas maneras y a través de
diversos canales. El primer requisito para lograrlo es estar informados,
de forma que se cuenten con los conocimientos necesarios para saber al
menos lo básico sobre los temas que conforman la agenda pública.
Una vez que se cuenta con la información necesaria, cada uno de nosotros puede entrar en contacto con los representantes populares
(sean diputados federales, senadores, diputados locales, presidentes
municipales, gobernadores o incluso el presidente de la República) a
través de sus respectivas direcciones de internet, por medio de cartas
dirigidas a ellos o a los medios de comunicación, a través de videos en Youtube, por carta física a la manera tradicional, etcétera.
También se puede hacer uso de las redes sociales
para expresar una exigencia o recordar una promesa no cumplida (¿se
acuerdan del slogan según el cual alguien se proponía ser “El Presidente
del Empleo”?). Los políticos suelen ser sensibles a lo que se escribe
en las redes y siempre tienen a alguien de sus equipos de apoyo
rastreando los mensajes que se les dirigen. Hay algunos legisladores que
–me consta- utilizan ellos mismos sus cuentas de Twitter; es el caso de
los senadores Javier Corral, Laura Rojas, Javier Lozano, Pablo
Escudero, Alejandra Barrales o del exdiputado Luis Videgaray, entre
otros. Todos ellos están conectados con frecuencia y seguramente estarán
muy atentos a las peticiones ciudadanas.
Lo importante es que no
dejemos que pase el tiempo y que las grandes promesas de las pasadas
campañas electorales vayan cayendo en el olvido. Sirve de poco recordar
hoy lo mucho que prometió Felipe Calderón en la campaña de 2006, cuando
el Presidente está a punto de pasar a retiro cobrando una generosa
pensión vitalicia que pagaremos todos los contribuyentes.
Debemos
anticiparnos en las quejas y reclamos, para que los políticos
profesionales sepan que tenemos buena memoria y que nos tomamos en serio
lo que nos dijeron cuando eran candidatos. De nosotros y de nadie más
depende que así sea.
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