Artículo de Miguel Carbonell publicado en la página web ADN político.
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El balance del sexenio en (in)seguridad
Miguel Carbonell
IIJUNAM
Han sido tantos los discursos del presidente Felipe Calderón sobre el
tema de la inseguridad, y han sido tantos los hechos sanguinarios que
hemos visto en los años recientes, que es posible que el balance del
sexenio que está a punto de terminar se centre precisamente en los temas
de la seguridad pública.
Se trata de un ámbito particularmente
doloroso por los miles de muertos que ha habido, por el daño que ha
producido el secuestro, por el miedo que infunden las extorsiones
telefónicas, por la manifiesta incapacidad de las autoridades para hacer
justicia, por las fugas en las cárceles, por la debacle en la que se
instalaron las procuradurías de justicia y por muchas cosas más.
Los
resultados en el tema de inseguridad están a la vista de todos y, de
acuerdo con cifras del INEGI y el Sistema Nacional de Seguridad Pública,
cito algunos de entre los muchos que podrían traerse a colación:
1) Los homicidios han aumentado en un 300% desde 2007,
2) De enero a agosto de 2012 se han registrado 30,440 denuncias por concepto de extorsión telefónica.
3)
La incidencia por cobro de piso (una forma de extorsión particularmente
lesiva de la actividad económica y comercial) se incrementó de 2010 a
2012 un 131%.
4) El 91% de los delitos que se cometen en el país
no son ni siquiera denunciados (y por ello, mucho menos serán
investigados o sancionados: es el reino de la impunidad absoluta).
5)
La mayor parte de las corporaciones policiacas no han avanzado en sus
procesos de certificación y los controles de confianza parecen haberse
sumido más bien en una triste rutina burocrática, sin efecto alguno en
el mejoramiento de nuestra seguridad pública.
6) La tortura se ha
incrementado en un 400% en este sexenio, sin que los responsables hayan
sido llevados ante la justicia. La CNDH ha tenido que emitir más de 150
recomendaciones por ello a órganos del Gobierno federal, sin que hasta
la fecha se sepa de alguna sentencia condenatoria firme contra los
funcionarios señalados.
Lo peor de todo no lo reflejan las cifras
anteriores y no lo podría reflejar ninguna estadística: lo peor del
sexenio en materia de (in)seguridad pública han sido las lágrimas de
miles de niños que han perdido a sus padres o madres, el dolor de
familias rotas por la crueldad de los cárteles y la inacción del poder
público, la sensación en muchas entidades federativas de que la
delincuencia nos arrebató el futuro, la idea entre muchos jóvenes de que
solamente se sale adelante delinquiendo, la impunidad que han gozado
empresarios y prestanombres de todo tipo que han sido la “fachada”
financiera para lavar miles de millones de dólares provenientes de la
delincuencia, la torpeza de los medios de información que en vez de
investigar, analizar y comprender, se han dedicado a vociferar y
confundir, etcétera.
Nadie debe caer en el simplismo de pensar que
todo lo que nos ha pasado es culpa del presidente Calderón. No es así y
no hay dato alguno que permita llegar a esa conclusión.
Lo cierto
es que, si hacemos un balance objetivo de lo que han sido estos últimos
seis años en materia de seguridad pública, observaremos un deterioro
sin precedente.
Ojalá que el próximo gobierno mantenga lo que se
deba mantener, pero se atreva también a cambiar muchas cosas que hoy
sabemos que no funcionan y no van a funcionar. Millones de mexicanos lo
vamos a estar exigiendo, porque recuperar la seguridad pública en el
país está en las primeras de todas nuestras preocupaciones.
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