Artículo del Dr. Miguel Carbonell publicado el día de hoy en la página web ADN político.
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Ganar la lucha cultural contra el narcotráfico
Miguel Carbonell
IIJUNAM
Mientras las drogas sigan siendo sustancias
cuya producción, transporte y venta esté prohibida por la ley penal
mexicana, su persecución y combate deberá hacerse con policías,
patrullas y armas. Nadie que sea medianamente razonable puede dudar de
ello y en estos seis últimos años el Presidente Felipe Calderón se ha encargado de repetírnoslo hasta el cansancio.
Hay
un aspecto, sin embargo, que va a determinar si efectivamente podemos o
no ganar la “guerra” contra las drogas, el cual tiene que ver con
ciertos elementos “culturales” que a veces se nos pasan un tanto
desapercibidos. Me refiero al hecho cultural muy extendido en ciertas
regiones del país, según el cual los narcotraficantes son vistos como
héroes y sujetos dignos de imitación por miles de jóvenes e incluso de
niños.
Hay pueblos en los que los narcos proveen a las familias de
dinero para sus fiestas, les compran medicinas, cooperan para bodas y
quince años, mandar pavimentar calles, construir escuelas, reparar
templos religiosos, etcétera.
Si a eso se le suma su (aparente)
éxito económico, sus vistosos vehículos, la estrafalaria ropa con que se
suelen vestir y el tipo de mujeres que los acompañan, no es extraño que
muchos niños que crecen en la pobreza y cuyas oportunidades en la vida
son irremediablemente reducidas, quieran seguir esa senda y ser también
narcotraficantes tan pronto su edad se los permita.
Es por eso que
considero esencial dar la batalla “cultural” contra el narco, poniendo
en ridículo su forma de vida, resaltando los peligros que entraña y el
patético destino que les aguarda a los delincuentes, que con frecuencia
caen muertos a edades muy tempranas o bien están condenados a pasar la
mayor parte de su vida tras las rejas.
Hay que desautorizar frente
a nuestros niños y jóvenes el ideal del narcotraficante como un héroe o
como un modelo que puede ser imitado. Nada de eso. Los narcos son
personas patéticas, que se dedican a envenenar a nuestros jóvenes y que,
por el momento, lo hacen violando la ley.
El
narcotráfico como fenómeno global es una máquina de generar muertos (en
México lo sabemos muy bien), incrementa exponencialmente la corrupción,
degrada la moral pública, afecta las inversiones y el crecimiento
económico sano, fomenta el lavado de dinero, hace crecer las extorsiones
y secuestros (de nuevo: México es un ejemplo claro, como también lo fue
en su momento Colombia), etcétera.
Nada bueno se puede esperar de
regiones o países dedicados mayoritariamente al narcotráfico. No puede
ni debe ser un modelo de vida para nadie. Esa es la batalla de fondo que
hay que ganar: el desacreditamiento del narcotráfico como forma de
vida. Las batallas que se libran con militares, armas y patrullas son
indispensables, pero la llave de la victoria no la abrirán las balas,
sino la cultura. No lo olvidemos.
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