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La mejor reforma fiscal
El Universal
Miguel Carbonell
Sep 20, 2012 - 10:59:09 PM

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Artículo publicado el día 20 de Septiembre de 2012 en el periódico El Universal


La mejor reforma fiscal.

Miguel Carbonell.

IIJ-UNAM.

          Twitter: @MiguelCarbonell

La legitimidad que el Estado tiene para cobrarnos impuestos depende de una condición inexcusable desde hace varios cientos de años: que todos los contribuyentes paguen y que no haya privilegios para algunos solamente porque sean amigos de los gobernantes. Esa premisa en México es inexistente y por tanto la legitimidad del Estado hacia los contribuyentes está muy deteriorada.

Es por eso que no está mal visto que alguien diga que evade impuestos o que le hace alguna que otra “trampilla” al Servicio de Administración Tributaria. La tolerancia social hacia ese tipo de prácticas ilegales es muy amplia: nadie le retira la amistad a una persona por haber confesado que dejó de pagar el predial o la tenencia vehicular.

En este contexto, la mejor reforma fiscal que uno pueda imaginar tiene como requisito que todos los obligados a pagar, efectivamente paguen. El aumento en la recaudación sería de tal magnitud si eso se pudiera lograr que podríamos construir escuelas, universidades, hospitales, carreteras, aeropuertos, dar becas, apoyar a madres solteras, aumentar sueldos de los policías honestos (que los hay, por supuesto), etcétera. En realidad podríamos construir otro México.

Una forma de acercarnos a ese ideal es a través de la extensión de aquellas formas de impuestos que son fáciles de cobrar. Por ejemplo, es más fácil de cobrar un impuesto al consumo (como el IVA) que un impuesto a los ingresos (como lo es el ISR, cuyo cálculo depende de cada contribuyente, de la forma en que haga sus deducciones y de muchas cosas más).

Por otro lado, también sería ideal que en los estados y los municipios hubiera mucho mayor rigor a la hora de cobrar los impuestos locales. Algunos estudios señalan que por ejemplo en el Distrito Federal la mitad de hogares hasta hace muy poco no pagaba el servicio de agua, pese a lo barato que era. La OCDE ha insistido en varios de sus documentos sobre el bajísimo porcentaje que se recauda por concepto de impuesto predial (cuyo cobro corre a cargo de los municipios).

La idea central debe ser la búsqueda de la “universalidad” en el cumplimiento de las obligaciones fiscales. Cualquier otro resultado es algo semejante a un fraude a los miles de ciudadanos que sí pagamos y sí cumplimos a tiempo con nuestras obligaciones fiscales, pese a que no es fácil ni gracioso hacerlo.

Dicha “universalización”, además de un acto de evidente justicia, será una condición indispensable para realizar en la práctica la promesa de mayor alcance que durante su campaña hizo el Presidente Electo Peña Nieto: la protección universal de salud. Recordemos que Peña propuso fusionar los sistemas de salud y financiarlos a través de impuestos y no como ahora, que existe un esquema de aportaciones tripartitas que nutren las arcas del IMSS y del ISSSTE (contribuyen los trabajadores, los patrones y el Estado).

Si dicha medida entra en funcionamiento supondría un ahorro para las empresas de alrededor de entre un 25 y un 30% del costo de cada uno de los trabajadores. Si a eso se suma la aprobación de esquemas más flexibles de contratación laboral, estaríamos ante la posibilidad de detonar la creación de millones de puestos de trabajos en los años siguientes.

El problema principal, sin embargo, reside en la forma de financiar ese nuevo esquema de protección social. ¿Qué impuestos se deberán aumentar y quiénes serán los contribuyentes que deban pagar? La solución más fácil sería aumentar la presión fiscal para las clases medias, que en su mayor parte se integran por “causantes cautivos” y complementar tales aumentos con medidas que castiguen a productos que impactan en la salud, como el alcohol y el tabaco. Pero esas clases medias son hoy mayoritarias en México; su voto fue decisivo en el pasado proceso electoral y lo será en el futuro. Además, los causantes cautivos ya pagan niveles muy altos de impuestos, considerando el bajo nivel de servicios públicos que reciben a cambio de esas contribuciones.

La solución más correcta (aunque ciertamente mucho más compleja de implementar) sería apretar por el lado de la evasión y de la elusión fiscal. El Primer Ministro Mario Monti lo ha hecho en Italia y en menos de un año ha aumentado en un 18% la recaudación. El margen de mejora en México puede llegar seguramente a esa cifra e incluso superarla. Ojalá la nueva administración federal y los gobiernos locales tengan el arrojo y la decisión suficientes para hacerlo, en beneficio de todos los mexicanos.




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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de la Facultad de Derecho de la misma Universidad. Es especialista en derecho constitucional y derechos fundamentales.

Ha enfocado su trabajo en temas como derecho a la información, transparencia gubernamental, reforma del Estado, juicios orales, derecho a la no discriminación y políticas públicas sobre los derechos sociales

 

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