Búsqueda
 
     
     
 
     
     
    Contacto
     
    Nombre:

Comentario:

¿Eres humano?
   
 
         
 
Los abogados tienen que entender de economía
El mundo del abogado
Miguel Carbonell - José Carbonell
Sep 8, 2012 - 7:48:30 PM

Envía por Email
 Impresión Amigable


Artículo publicado en la revista "El mundo del abogado"


Para leer el artículo completo dé click aquí


Los abogados tienen que entender de economía

José Carbonell y Miguel Carbonell*

 

Un abogado que sólo sabe Derecho es un mal abogado, sostienen los autores, al referirse a la necesidad de incorporar en la formación profesional de los abogados herramientas provenientes de otras disciplinas —como el análisis económico del Derecho—, que les permitan entender y resolver los desafíos que plantea la realidad actual.

 

 

En las escuelas y facultades de Derecho del país se suele formar a los alumnos en el conocimiento de la ciencia jurídica como si no tuviera relación alguna con las demás ciencias sociales. Apenas se les enseña algo de historia, un poco de ciencia política y prácticamente nada de economía. Los alumnos consideran esas clases como de “relleno” y buscan llevarlas con profesores considerados como “barcos”; los profesores de esas materias, con notables y muy brillantes excepciones, tampoco se esfuerzan por dar una clase formativa, que implique la transmisión de conocimientos útiles para los estudiantes.

Dicho modelo deja trunca la formación de los futuros abogados, ya que les impide contar con los conocimientos y las herramientas analíticas necesarios para tomar buenas decisiones en un mundo cada vez más complejo. Hoy en día ya nadie duda que el Derecho y la economía se influyen de manera recíproca. La comprensión de ambas ramas del conocimiento ofrece un panorama más amplio, que sin duda beneficiará a los futuros profesionales del Derecho. Es por eso que algunas escuelas y facultades universitarias ofrecen a sus estudiantes la posibilidad de cursar las dos carreras de forma simultánea, obteniendo al final de sus estudios una doble titulación.

La economía está en todos lados. Nadie puede organizar su vida prescindiendo de ciertas nociones básicas de esta ciencia. Se proyecta por igual en la vida personal, familiar y profesional. Para que la toma de decisiones económicas sea más atinada, resulta indispensable que se sustente en conocimientos ciertos y no en simples intuiciones o prejuicios.

Sin duda, con el proceso de globalización y modernización de México y de su economía, se han abierto infinidad de áreas profesionales del Derecho —relacionadas directa o indirectamente con la economía— que se nos escapan y las están ocupando profesionales de otros campos o incluso abogados de otros países. Nos referimos, por ejemplo, a ámbitos jurídicos relacionados con energía, competencia económica, arbitraje comercial internacional y, en menor medida, con la inversión extranjera o el medio ambiente, por mencionar lo más obvio.

Mientras abundan penalistas y civilistas, a muchos abogados (y a muchos estudiantes de Derecho) se les olvida que hay un campo prácticamente inexplorado —al menos en México— que hemos ido dejando en manos de los economistas. Nos referimos al análisis económico del Derecho. Se trata de una forma de estudiar al Derecho mediante el uso de herramientas propias de la economía: pensar en términos de incentivos —cómo estimular ciertas conductas e inhibir otras, por ejemplo—, aplicar sistemas de precios, efectuar análisis costo-beneficio y un largo etcétera.

Uno de los campos de trabajo tradicionales de los abogados es la función pública. Aquí, el conocimiento de los principios básicos de la economía es indispensable. De hecho, la ignorancia de los principios económicos elementales por parte de los servidores públicos puede ser muy peligrosa y llegar a suponer que la sociedad pague un precio muy elevado. Sólo hay que recordar el caso de los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo, ambos abogados y desconocedores de las reglas de la economía, que ignorando los consejos de los expertos llevaron a México a la bancarrota.

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que ante la creciente complejidad de la tarea pública, los abogados nos hayamos quedado rezagados frente a economistas y una larga lista de expertos en políticas públicas.

Sin embargo, más allá de nuestra labor profesional, hay otro argumento para convencernos de la necesidad de aprender al menos lo básico sobre economía. Tiene que ver con nuestro papel como ciudadanos, preocupados e involucrados en la cosa pública. El debate sobre el destino económico del país no puede dejarse exclusivamente en manos de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda o de sus contrapartes dentro de los partidos políticos, que suelen tener —en este último caso— un nivel de conocimiento bastante cuestionable.

Es nuestro futuro y el de nuestros hijos el que está en juego. No es lógico —ni racional— dejar que una pequeña élite que suele ser alérgica a la rendición de cuentas decida por todos nosotros. Una vez más hay que remontarse a la década de 1970 y 1980 del siglo pasado para ver los resultados que la ignorancia y el prejuicio generaron sobre nuestros niveles de bienestar. Hay que recordar la frase del gran historiador Arnold Toynbee: “El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.

Así pues, tener nociones básicas de economía puede reportarnos grandes beneficios, tanto en el ámbito profesional como en el personal. Por el contrario, en el mundo actual, ignorar los principios de esta materia puede cerrarnos muchas puertas y cancelar valiosas oportunidades laborales.

Por todo lo anterior y por muchas cosas más que podrían apuntarse en el mismo sentido, pensamos que en las escuelas y las facultades de Derecho se deberían impartir con seriedad cursos que impliquen el desarrollo de conocimientos básicos de economía, de manera que los alumnos sean capaces de identificar el impacto económico de toda regulación jurídica (o de la ausencia de regulación, según sea el caso), la necesidad de contar con un sistema económico que impida los monopolios, la pertinencia de que —desde el ámbito de las leyes— se incentive la competencia económica, las bondades de un sistema de libre comercio, los elementos normativos que permitan a nuestras empresas competir y ser más productivas, etcétera.

Esa enseñanza debería ir acompañada de la lectura de textos especializados, a partir de los cuales los alumnos puedan entrar a estudiar casos prácticos en los que se ponga en evidencia el impacto económico del Derecho y se les dote de las capacidades necesarias para solucionar los problemas que se van suscitando.

En la actualidad es evidente que, parafraseando a un gran economista, un abogado que sólo sabe Derecho es un mal abogado.

 

Notas

* Miembros de la Facultad de Derecho y del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, respectivamente.




---------------------------
Enlaces relacionados:

Derecho y literatura


Sobre la ética profesional de los abogados

20 libros esenciales para abogados

15 libros esenciales de ciencias sociales


Principios básicos para la actuación de los abogados

Cartas a un estudiante de Derecho


Consejos para ser un buen estudiante

El oficio del jurista

Crecimiento económico e Internet

Informe de competitividad globla 2012-2013

         
  Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM  
         
 

Circuito Mario de la Cueva s/n,
Ciudad Universitaria
Delegación Coyoacán, México D.F.,
CP 04510

56-65-23-42
56-22-74-63
extensión 721

 

Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de la Facultad de Derecho de la misma Universidad. Es especialista en derecho constitucional y derechos fundamentales.

Ha enfocado su trabajo en temas como derecho a la información, transparencia gubernamental, reforma del Estado, juicios orales, derecho a la no discriminación y políticas públicas sobre los derechos sociales

 

miguel@miguelcarbonell.com

Facebook DrMiguelCarbonellTwitter @MiguelCarbonellYouTube DrMiguelCarbonell