Retos del nuevo Congreso.
Miguel Carbonell.
IIJ-UNAM.
@MiguelCarbonell
Dentro de tres semanas estará arrancando la nueva legislatura del
Congreso de la Unión.
Aunque llevamos meses centrados en el desenlace de la
elección presidencial, lo cierto es que la configuración de las Cámaras del
Congreso es tanto o más importante que el nombre del próximo presidente de
México. Será en las Cámaras donde se tomen varias de las decisiones más
importantes de los próximos años y décadas para el país.
Los nuevos legisladores deberán definir en primer lugar sus
liderazgos. La coordinación de las fracciones parlamentarias es un cargo
absolutamente central en la práctica, ya que controla el dinero de las propias
fracciones e integra la Junta
de Coordinación Política que es el órgano que de hecho define la agenda
legislativa.
Hay liderazgos que parece que ya se van perfilando. Es el caso de
Ernesto Cordero, en la coordinación de los senadores panistas, y de Manlio
Fabio Beltrones, en el liderazgo priista en la Cámara de Diputados.
También suenan los nombres de José González Morfin para la coordinación de los
diputados panistas y el de Alejandra Barrales para encabezar a los senadores
perredistas. Salvo el caso de Cordero, los demás nombres tienen ya experiencia
legislativa (muy amplia en algunos casos) y han sido líderes de sus respectivas
bancadas con anterioridad.
Ahora bien, lo importante una vez que se definan los coordinadores
parlamentarios será la confección de la agenda. Y en eso el trabajo atrasado
con el que se van a encontrar los flamantes legisladores es inmenso.
Lo más relevante será “aterrizar” las muchas y muy importantes
reformas constitucionales de los años recientes, que corren el riesgo de quedar
inoperantes si no se dictan las leyes que precisen la manera en que se deben
llevar a la práctica. En ese rubro hace falta que se apruebe con urgencia la
nueva Ley de Amparo, el Código Federal de Procedimientos Penales y las reformas
electorales para hacer viables figuras como las candidaturas independientes o
la consulta popular, recientemente aprobadas como parte de la llamada “reforma
política”.
Otro reto de considerables dimensiones será sacar adelante de una
vez por todas las reformas “estructurales”. En ese terreno los pendientes son
bien conocidos y se han discutido durante años sin que se haya avanzado mayor
cosa. Se trata de las nuevas reglas del juego en materia energética (Enrique
Peña Nieto fue muy enfático sobre los cambios que quiere proponer para Pemex,
pero hay que pensar también en electricidad, gas natural, energía eólica,
etcétera), en cuestión laboral (donde nos tenemos que poner las pilas para que
el país pueda competir frente a otras naciones que nos llevan delantera, como
China, India y Corea del Sur, por ejemplo), en el tema educativo (del cual depende
en buena medida el futuro de México y la posibilidad de formar mejores
ciudadanos y mejores profesionistas) y la gran reforma tributaria que merece el
país, para fortalecer la hacienda pública, generar recursos para combatir la
pobreza y satisfacer derechos sociales de carácter universal (como el sistema
de pensiones y el acceso a la salud para todos los mexicanos).
En todos esos temas (energía, trabajo, educación, ingreso y gasto
públicos) las decisiones deben venir, necesariamente, del Congreso de la Unión. El margen de
maniobra del próximo Presidente en estos temas es muy reducido, por lo que
tendrán que buscarse las reformas que solamente los legisladores pueden
aprobar. Ojalá que las personas que resultaron electas en los comicios de julio
pasado tengan la capacidad y las ganas de hacerlo. Al país sin duda que le
urgen esas reformas.
Artículo publicado el día de ayer en la página web www.adnpolitico.com
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