La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) presentó el décimo informe del programa Seguimiento de la
Educación para Todos (EPT) establecido en el año 2000, con el título “Los
jóvenes y las competencias: trabajar con la educación”, que examina la adquisición
de competencias de aprendizaje por parte de los jóvenes y su preparación para
la vida laboral activa.
Los datos que arroja dicho informe son preocupantes y lamentables: hay
más de 250 millones de niños y niñas en edad de cursar la primaria que no saben
leer o escribir y 71 millones de adolescentes que no están escolarizados en la
enseñanza secundaria que están perdiendo la oportunidad de adquirir
competencias esenciales para encontrar trabajo en el futuro.
En este sentido, los jóvenes de grupos de población pobres, tanto rurales
como urbanos, son los que más necesitan formarse para adquirir competencias. En
una quinta parte de los países que la UNESCO estudió para la realización del informe,
los jóvenes de las clases pobres urbanas cursan menos años de estudio que los
jóvenes de clases pobres en regiones rurales, sin embargo, la inmensa mayoría
de los jóvenes más pobres y con menos años de estudio viven en zonas rurales.
El informe “Los jóvenes y las competencias: trabajar con la educación” estima
que para lograr la escolarización universal en el primer ciclo de enseñanza
secundaria en los países pobres se necesitarían alrededor de 8.000 millones de
dólares anuales que se sumarían a los 16.000 millones de dólares requeridos
cada año para la universalización de la enseñanza primaria en 2015. Así mismo, menciona
que cada dólar invertido en la educación de una persona, rinde entre 10 y 15
dólares a lo largo de toda su vida laboral, en términos de crecimiento
económico.
La décima edición del seguimiento del programa EPT señala la imperante
necesidad de incrementar el número de programas que ofrecen vías alternativas
para la adquisición de competencias, con la finalidad de poner la educación al
alcance de los jóvenes que han quedado excluidos del sistema educativo.
En
América Latina y El Caribe, casi el 50% de la población total de la región es
menor a 25 años y hay más de 8 millones de personas entre 15 y 24 años que no
han llegado a terminar sus estudios primarios y necesitan vías alternativas
para adquirir competencias necesarias para adquirir un empleo y tener una vida
próspera.
En
los países con mayor solvencia económica en América Latina, la falta de
inversiones en la adquisición de competencias por parte de los jóvenes ha
contribuido al aumento del desempleo. En Brasil, por ejemplo, cerca del 20% de
los jóvenes que buscan empleo no lo consiguen, mientras que en los países más pobres
los jóvenes se ven obligados a desempeñar trabajos mal remunerados con salarios
que los mantienen en el umbral de la miseria.
Aunque
la inmensa mayoría de los jóvenes más pobres y con mayor déficit de estudio viven
en regiones rurales, el informe presentado por la UNESCO, señala que el 25% de la
población de zonas urbanas vive en asentamientos miserables y el número de
jóvenes que habitan esas zonas va en aumento. En Brasil, los jóvenes de las regiones
rurales tienen dos veces más probabilidades de ser pobres que los de las zonas
urbanas y un 45% de ellos no han terminado el primer ciclo de la enseñanza
secundaria.
En este sentido, dicho informe celebra y destaca el programa
mexicano “Joven Emprendedor Rural y Fondo de Tierras”, que ha impartido a los campesinos
una formación para adquirir competencias empresariales en el ámbito de la
agricultura sostenible y rentable. Gracias a este programa, el ingreso anual de
los participantes ha aumentado en un 20%.
Finalmente, el décimo informe del seguimiento EPT “Los jóvenes y las competencias: trabajar con
la educación”, señala una serie de precisas recomendaciones para apoyar
y fomentar la adquisición de competencias en los jóvenes como ofrecer
vías alternativas de educación para que unos 200 millones de jóvenes del mundo
entero puedan adquirir competencias básicas elementales; establecer un
equilibrio entre la adquisición de competencias estrictamente profesionales y
técnicas y la adquisición de
competencias polivalentes, como la seguridad en sí mismo y la aptitud para
comunicar, que son indispensables en todo puesto de trabajo; que las
estrategias en materia de adquisición de competencias deben apuntar a las
categorías sociales más desfavorecidas, especialmente las jóvenes y la
población pobre de las zonas urbanas y rurales.
Durante
la presentación del informe, Irina Bokova, Directora General de la UNESCO,
señaló que “estamos presenciando el surgimiento de una joven generación
frustrada por el desajuste crónico que se da entre la adquisición de
competencias y las exigencias del mercado de trabajo. La mejor respuesta a la
crisis económica y el desempleo juvenil es garantizar que los jóvenes puedan
adquirir la formación pertinente y las competencias básicas necesarias para
ingresar en el mundo de trabajo con confianza en sí mismos”.
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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto
de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de la Facultad
de Derecho de la misma Universidad. Es especialista en derecho
constitucional y derechos fundamentales.
Ha enfocado su trabajo en temas como derecho a la información,
transparencia gubernamental, reforma del Estado, juicios orales,
derecho a la no discriminación y políticas públicas sobre los
derechos sociales