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Siete lecturas para el verano.

Miguel Carbonell
Jul 17, 2010

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Siete lecturas para el verano.

Miguel Carbonell.

 

Animados seguramente por las recomendaciones cinematográficas de hace unos días, algunos lectores de la página me han solicitado recomendaciones literarias para esta temporada veraniega. Obviamente, podrían sumar centenares las recomendaciones bibliográficas, pero creo que las siguientes contienen una buena mezcla de novela, ensayo y crónica, además de resultar apropiados para la formación de los futuros abogados o de otros científicos sociales:

1)       Primo Levi, “Trilogía de Auschwitz”. Levi fue en vida uno de los principales testigos de los horrores cometidos por los nazis en los campos de exterminio (sobre todo en el de Auschwitz). Ahora se reúnen en una sola edición tres de sus libros más conocidos, a partir de los cuales el lector tendrá a la vista un escenario muy completo de la degradación moral y humana que se vivió en los campos, así como del comportamiento de las personas que están sujetas a condiciones de vida extremas. Una lectura dolorosa, pero imprescindible para la formación cívica en nuestro tiempo.

2)       Mario Vargas Llosa, “La fiesta del chivo”. América Latina ha sido una tierra fértil para todo tipo de dictadores, los cuales con frecuencia no se han limitado a ejercer su dominio en la esfera pública, sino que lo han querido extender a la esfera privada de sus súbditos. Es el caso de Rafael Leónidas Trujillo, el dictadorzuelo que estuvo en el poder por décadas en la República Dominicana. La narración de Vargas Llosa no tiene desperdicio y demuestra, una vez más, la necesidad de poner siempre límites al poder. Un importante tema abordado en una obra maestra del quien quizá sea el mejor novelista de América Latina hoy en día.

3)       Gustavo Zagrebelsky y Carlo Maria Martini, “La exigencia de justicia”. Zagrebelsky y Martini dialogan sobre el significado contemporáneo de la justicia, sobre la forma en que nos podemos acercar a ella y sobre la manera en que debemos comportarnos para protegerla. Es un texto particularmente llamativo por el carácter abierto y franco con el que los autores abordan los temas de la justicia desde la óptica laica y desde la religiosa. Una pequeña joya.

4)       Philip Roth, “Patrimonio. Una historia verdadera”. No cabe duda que Philip Roth es, a inicios del siglo XXI, el gran heredero de la luminosa tradición de novelistas judíos norteamericanos. Es un maestro de la ficción, pero en este caso nos ofrece un pedazo de realidad, tomado de su propia experiencia como hijo. Todo un canto de amor por el padre y un llamado a tomar en serio la dignidad de las personas mayores. Muy apropiado para los tiempos que corren.

5)       Héctor Aguilar Camín, “La guerra de Galio”. México vivió una época oscura y violenta a lo largo de los años 70 del siglo pasado. Una secuela del movimiento del 68 amenazó con inflamar a la sociedad de ese tiempo y quiso poner en jaque al gobierno autoritario del Presidente Echeverría. Aguilar narra en este libro las vicisitudes de un periodista que trabajaba a las órdenes de Julio Scherer en “Excelsior” (descrito con gran acierto por el autor) y sus amistades guerrilleras y oficiales. Es quizá la mejor novela de esa época y sin duda la mejor del autor. Contiene una buena mezcla de la ingenuidad con la que se pretendía destruir al “ogro filantrópico” y de los extremos salvajes a los que llegaba el gobierno en su persecución de la disidencia.

6)       Ryszard Kapuscinski, “Ébano”. Kapuscinski fue considerado en vida el mejor reportero del mundo. “El enviado de Dios” lo llamó John Le Carré. En este libro nos ofrece una crónica de sus viajes por África y de los dilemas a los que se enfrenta el continente más atrasado del planeta, en el que la supervivencia humana puede llegar a depender de que se posea una olla o una bicicleta. Una narración fantástica y un recordatorio de que el infierno existe en la tierra y no hace falta buscarlo en ninguna religión.

7) Giorgio Manganelli, "Amore". Una obra incasificable. A medio camino entre una carta, una novela, un cuento y una crónica. Tiene frases memorables como la siguiente: "Amor, creo que necesito nombrarte, más exactamente pronunciar tu definición, tu cometido, puesto que de ti ignoro nombre y existencia. Así pues, yo te nombro: un dedo fónico te señala en el centro de la noche. No rememoro tiempos en que no fuera de noche, de manera que no he tenido jamás forma distinta para señalarte que no fuera este distraído y atento juego de una mano que no diviso. Esto, a ti que no puedes escuchar, quisiera decirte: tengo que marcharme, al punto, en esta noche que en todo instante está igualmente lejos del alba y del ocaso; camino, hablo quedamente, rechina bajo mis pasos la madera del pórtico, escucho el fragor del bosque. Bajo la luminiscencia de nubes bajas, de nieblas, intento escribir una carta que no irá a parar a ti jamás".

 



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