El México que tenemos:
a la sombra del país
que quisimos ser.
Miguel Carbonell.
IIJ-UNAM.
Twitter:
@MiguelCarbonell
En México la calidad del debate público es
más bien escasa. Mucha de la información
que consumimos tiene que ver con dimes y diretes entre la clase política. Gran
parte de los espacios comunicativos se llenan con entrevistas de banqueta, la reproducción
de comunicados oficiales y los “trascendidos” e interpretaciones de todo lo
anterior por parte de reporteros y analistas.
Nos hace falta nutrir a la opinión pública
con datos duros, que nos ofrezcan un panorama real de las fortalezas y
debilidades del país.
Lo anterior es particularmente importante
en el contexto de una campaña electoral en la que abundan las ocurrencias y las
propuestas sin fundamento, muchas de ellas realizadas a partir de diagnósticos
claramente insuficientes o de plano equivocados. No es improbable que, al
momento de ir a votar, lo hagamos sin tener la certeza de qué será lo que nos
espera en caso de que nuestro candidato o candidata favorito llegue a ganar.
Es por eso que los ciudadanos deben
reparar en todo aquello que no les dicen los candidatos, para efecto de hacerse
una idea de los problemas reales de México y de la urgencia de tomar medidas
efectivas para superarlos. Si no lo hacemos así, es probable que estaremos
condenados a seguir perdiendo el tiempo.
A continuación enumero algunas cifras y
algunos temas que son indispensables para tener un mapa del México que tenemos
frente a nosotros, como condición indispensable para avanzar hacia el México
que queremos construir para el futuro.
Un elemento clave sobre el que tenemos que
reflexionar es el del crecimiento económico. Entre el 2001 y el 2010 los países
de América Latina crecieron a un ritmo del 3.9% anual. México estuvo muy por
debajo de ese nivel, creciendo a un ritmo de 1.7% anual (Datos del INEGI y del
Banco Mundial). ¿Cómo le harán los candidatos para dinamizar la economía y
hacer que México crezca, prospere y genere los empleos bien pagados que
necesita?
Precisamente el tema del empleo debe ser
otro aspecto clave para analizar el presente y el futuro de México. Hay que
reconocer que tenemos un severo problema en esa materia. En el 2001 la población
desempleada era el 2.6%; en el 2011 es el 5.2% Las personas desempleadas se
duplicaron en los últimos 10 años. Peor fue la tasa de desempleo entre jóvenes,
la cual se triplicó. En el 2001 el desempleo juvenil era del 3.31%, mientras
que en el 2011 esa cifra se ubicó en el 9.67% (todos los datos de este párrafo
provienen de INEGI).
Los salarios no han crecido al ritmo que
sería deseable. En el año 2000 por cada dólar que ganaba un trabajador
mexicano, un brasileño ingresaba 74 centavos de dólar. En el 2012 por cada
dólar que gana un brasileño, un trabajador mexicano ingresa apenas 39 centavos.
En Brasil el salario mínimo es de 347 dólares mensuales, mientras que en México
apenas llega a los 140 dólares (Datos del Banco Central de Brasil y del Banco
de México).
Un tema insoslayable para los candidatos a
puestos de representación nacional tanto a nivel federal como local es el de la
seguridad pública. Este es quizá el que más preocupa a millones de mexicanos.
Los datos no son alentadores. En el 2001 la tasa de homicidios a nivel nacional
era de 10.4 por cada 100 mil habitantes. En el 2010 fue de 22.9 por cada 100
mil. Retrocedimos más de 30 años en esa materia.
Entre el 2005 y el 2010 la tasa nacional
de homicidios cuyas víctimas fueron mujeres creció en más del 70%. En 2005 hubo
2.4 homicidios de mujeres por cada 100 mil habitantes. Cinco años después la
tasa era ya de 4.2 por cada 100 mil.
En el 2001 fueron denunciados 42
secuestros al mes en todo el país. Para el 2011 esa cifra había crecido hasta
los 110 casos por mes. Las extorsiones crecieron un 244% entre 2001 y 2011.
Los ataques a periodistas sumaron tantos
que México ya se ubica como el tercer país del mundo más peligroso para los
profesionales de la información, solamente por detrás de Irak y Filipinas. Es
más peligroso ser periodista en México que en Somalia, Pakistán, Sri Lanka o
Afganistán. En el 2000 se denunciaron 95 agresiones a periodistas; en el 2009
fueron 243 (Datos de Reporteros Sin Fronteras).
Otro tema indispensable para el futuro es
el de la educación, ya que representa la clave del cambio profundo que México
necesita. En esa materia, como pusieron en evidencia la película “De Panzazo” y
los detallados informes de la organización Mexicanos Primero, seguimos
reprobados. Uno de cada tres jóvenes no puede asistir a la preparatoria y dos
de cada tres no podrán estudiar una carrera universitaria.
Seguimos siendo el último lugar entre los
países de la OCDE en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Invertimos apenas el
0.36% del PIB en Innovación, Ciencia y Tecnología, pese a que por ley está
ordenado que se invierta al menos el 1% del PIB.
No es que si diéramos cumplimiento puntual
a lo que ordena la citada ley ya hubiéramos avanzado mucho. Basta considerar
que Corea del Sur invierte en esta materia el 3.2% de su PIB.
Las cosas no están mejor en materia de
impartición de justicia. El INEGI nos informó hace poco que durante el 2010 en
el 92% de los delitos no fue iniciada una averiguación previa que pudiera
conducir hacia el castigo de los responsables. En el 36% de los hogares
mexicanos hubo al menos una víctima de la delincuencia en ese año, en el que se
cometieron 22,714,967 delitos. La inseguridad, nos sigue diciendo el INEGI, le
cuesta al país al menos 210 mil millones de pesos anuales (equivalentes al
1.53% del PIB).
Frente a esta incidencia delictiva tan alta,
el avance de la reforma penal para poder tener un procedimiento de corte
acusatorio y oral, más moderno y transparente, avanza con gran lentitud
[1]. A nivel federal el
Presidente Calderón tardó “solamente” tres años en ser capaz de enviar una
iniciativa de nuevo Código Federal de Procedimientos Penales. Ni pensar en los
más de 15 ordenamientos adicionales que deben ser reformados en profundidad o
creados desde cero
[2].
Habrá que seguir esperando. Tampoco en las entidades federativas la velocidad
es muy superior. El nuevo sistema de justicia penal solamente funciona por
completo (en todo el territorio y respecto de todos los delitos) en dos
entidades federativas: Chihuahua y Estado de México. En las demás el rezago es
evidente y preocupante.
Nadie puede olvidar en México el tema
(doloroso) de la pobreza. Entre 2001 y 2011 el presupuesto para combatir la
pobreza tuvo un aumento en términos reales del 160%, pero el número de pobres
pasó de 50 a 57.7 millones de personas. Más dinero, pero también más gente
pobre. Eso demuestra un claro fracaso de una pieza fundamental de la política
social. La pobreza afecta a 2 de cada 3 mexicanos que viven en el campo y de
ellos, uno de cada cuatro vive en pobreza extrema.
En las zonas rurales de México 8 de cada
10 personas no tienen acceso a seguridad social, 5 de cada 10 no tiene
servicios básicos en su vivienda ni acceso a servicios de salud. Uno de cada
tres no tiene acceso a una alimentación suficiente y adecuada.
El sector salud presenta también problemas
serios. El 56% de la población mexicana, según datos de CONEVAL dados a conocer
en 2010, no es derechohabiente de la seguridad social. Únicamente el 44% tiene
“seguridad social integral”, lo que incluye acceso a servicios de salud,
pensión y seguro de riesgos en el trabajo. Nadie goza de seguro de desempleo.
En 44 de cada 100 localidades en el ámbito
rural no se cuenta con una clínica o centro de salud. Más vale que sus
habitantes no se enfermen, porque no podrán encontrar asistencia pública para
aliviarse.
México gasta el 2.7% del PIB en salud
pública. El promedio de los países de la OCDE es de 6.4% del PIB. Estamos,
también en eso, muy rezagados.
Nos hemos quedado atrás respecto a países
cercanos. En el 2001 el PIB nominal de México era de 622 mil millones de
dólares y el de Brasil era de 553 mil millones de dólares. En el 2010 los
brasileños ya nos habían rebasado (y por mucho). El PIB nominal de México era
de 1,039 mil millones de dólares y el de Brasil de 2,087 mil millones.
Crecieron más rápido que nosotros; hicieron mejor su tarea y remaron juntos con
determinación hacia el mismo objetivo. Nosotros nos seguimos perdiendo en
disputas completamente estériles y dejamos de hacer las reformas necesarias
para avanzar más velozmente.
En el 2001 México recibía el doble de
inversión extranjera que Brasil. Hoy los brasileños nos ganan por goleada. En
el 2001 México recibió 29 mil millones de dólares de inversiones extranjeras y
Brasil 22 mil millones. En 2010 México recibió 18 mil millones de dólares, pero
Brasil alcanzó la cifra de 48 mil millones.
Quizá por todo lo que llevamos dicho es
que la gente en México no está satisfecha con el funcionamiento del sistema
democrático. Según datos de Latinobarómetro, el promedio general de
satisfacción con la democracia en América Latina es de un 39%. Los mexicanos
tienen un promedio de satisfacción de solamente el 23% y se encuentran en
último ligar de la tabla, empatados con Guatemala.
No sirve de nada decir que toda la culpa
de nuestro bajo desempeño es de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Eso no es
cierto y una simplificación de ese calibre es inaceptable. El fracaso de los
años recientes es corresponsabilidad de una clase política bastante patética y
mediocre, que ha privilegiado sus propios intereses por encima de los intereses
ciudadanos.
A la vista de todo lo que nos falta por
hacer, lo importante no es repartir las culpas, sino exigir a los candidatos
proyectos viables, propuestas sólidas para un país que hoy no es ni la sombra
de lo que soñó ser hace unos años.
[1]
Una descripción detallada del contenido de la importante reforma constitucional
en materia de proceso acusatorio y oral puede verse en Carbonell, Miguel,
Los juicios orales en México, 4ª
edición, México, Porrúa, RENACE, UNAM, 2012.
[2]
Carbonell, Miguel,
La reforma penal que México
necesita, México, UNAM, RENACE, 2012.
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