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En el aire


Mar 20, 2011

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En el aire.

 

Miguel Carbonell.

 

Viajar es una experiencia fabulosa. Y muy cansada.

Hay que distinguir entre los viajes que se hacen por vacaciones (viajes de placer, se les suele llamar) y los viajes que son por trabajo. En los primeros uno elige el destino, el ritmo de cada día, el tiempo que le quiere dedicar a cada cosa.

Los viajes de trabajo, por el contrario, tienen una dinámica completamente distinta. Uno no elige el destino, casi nunca puede determinar la agenda y el tiempo disponible para cada cosa ha sido decidido por otras personas.

Yo llevo varios años (unos 13, más o menos) haciendo muchos viajes de trabajo cada año. Debo confesar que, aunque de pronto resultan cansados cuando se acumulan uno detrás de otro sin pausa, los disfruto mucho. Son parte de mi quehacer profesional y todavía más: son parte de mi vida. No me imagino la vida, al menos en el corto y mediano plazo, sin tener la perspectiva de tomar un avión para ir a dar un curso o una conferencia en cualquier ciudad de México o del extranjero. Es probable que en el futuro deba disminuir la intensidad de mis viajes, conforme pasa el tiempo y uno ya no va teniendo la misma fuerza de otros tiempos, pero de momento viajar forma parte de mi vida cotidiana.

Conozco con cierto detalle el aeropuerto de la ciudad de México. Además, he estado en casi todos los aeropuertos del país y en muchos del extranjero. He aprendido a disfrutar mi paso por ellos, a aprovechar los tiempos muertos que siempre existen en los viajes, por necesidad, pero con mucho gusto, me he acomodado a las diferentes comidas y reglas del trato social, tan distintas entre los países.

Viajando he aprendido a escuchar y he podido mirar el mundo desde una perspectiva que no hubiera tenido sin haberme subido a los cientos o miles de vuelos que he tomado en mi vida.

Una vez le escuché decir a mi abuelo que no hacía falta viajar mucho. Que si uno vivía, como era su caso, en una región tan rica y diversa como Cataluña, no hacía falta salir, pues todo lo deseable se encontraba en su territorio.

Lo decía de buena fe, bajo la perspectiva limitada que le permitía su propia experiencia. Yo tenía la seguridad entonces y la tengo todavía más marcada actualmente, de que se equivocaba. Incluso para valorar lo que nos ofrece nuestro propio país es que tenemos que salir y conocer lo que está más allá de nuestras fronteras.

Nunca he pensado tanto en México como durante los tres años en que, gracias a una beca de la UNAM, estuve haciendo mis estudios de doctorado en Madrid. Nunca tuve tanta claridad sobre el destino incierto, plagado de contradicciones, que ha marcado y sigue marcando la historia nacional.

Escribo estas reflexiones a diez mil metros de altura, en un vuelo entre México y Nueva York. Muchos de mis compañeros de viaje cargan consigo modernos equipos de cómputo. Unos escriben mails, que enviarán llegando a tierra. Otros revisan calendarios y agendas, repletos uno y otras de compromisos siempre urgentes e imposibles de demorar. Otros más ven películas o escuchan música en sus dispositivos móviles, sobre todo iPads e iPods. Son protagonistas humanos de la globalización.

Para muchos de mis compañeros de vuelo las fronteras no existen. Ellos trabajan y viven en un mundo que está permanentemente comunicado, un mundo que comparte valores, que acude a ver las mismas películas y que sigue con idéntico interés los grandes eventos globales, ya sean terremotos, competencias olímpicas o entrega de premios a las mejores películas del año.

Los viajes forman parte, para esos personajes del mundo global, de su experiencia de vida. La misma facilidad con la que mi abuelo subía a su coche es la que nosotros tenemos para subir a un avión.

Viajar nutre nuestra vida. Ya sea por placer o por trabajo, hay que viajar si queremos comprender el mundo en el que nos ha tocado vivir. Un mundo fascinante y lleno de desafíos globales, en el que todos somos en alguna medida protagonistas.



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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de la Facultad de Derecho de la misma Universidad. Es especialista en derecho constitucional y derechos fundamentales.

Ha enfocado su trabajo en temas como derecho a la información, transparencia gubernamental, reforma del Estado, juicios orales, derecho a la no discriminación y políticas públicas sobre los derechos sociales

 

miguel@miguelcarbonell.com

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