La guerra perdida.
Miguel Carbonell.
IIJ-UNAM.
(Texto publicado en la revista Metapolítica, número 71,
México, octubre-diciembre de 2010).
Las batallas más importantes que México tiene que librar en los años por venir se despliegan en tres distintos frentes: la seguridad pública, el crecimiento económico y la calidad educativa. Si no somos capaces de ofrecer un proyecto nacional que nos resuelva esas tres cuestiones, estaremos condenados a un futuro mediocre y a seguir siendo una nación periférica, incapaz de remontar la historia de derrotas y estancamiento que nos ha acompañado en las últimas décadas.
En el tema de la seguridad pública la primera medida que habría que tomar es avanzar progresivamente hacia una política de despenalización de las drogas y de regulación efectiva de la demanda y de la oferta de tales sustancias
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El problema del consumo de drogas debe ser visto como un tema de salud pública y no de seguridad pública. Si bien es cierto que el número de consumidores se ha incrementado en los años recientes, las tasas que existen están todavía por debajo de otros países con un nivel de ingresos parecido, y desde luego está muy por debajo del nivel de consumo de los Estados Unidos.
En todo el territorio nacional teníamos en 2008 aproximadamente 465,000 personas que consumían drogas duras de forma regular, cifra que representa un 0.4 por ciento de la población, frente a un 3% en EUA, 2.1 en Alemania y 1.8 en Holanda
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Los recursos económicos, humanos y logísticos que hoy en día se dedican a combatir el tráfico de drogas podrían canalizarse perfectamente hacia las políticas de prevención entre los jóvenes y hacia el tratamiento de las personas adictas.
La idea de seguir metiendo en la cárcel a los traficantes (ya sea a los capos o a los simples transportadores de cantidades mínimas de droga) se ha demostrado poco efectiva. El número de detenidos por actividades vinculadas con el narcotráfico se acerca año con año a las 20 mil personas. Por otra parte, nuestras cárceles están absolutamente llenas (el nivel de sobrepoblación promedio nacional es del 128%, pero en algunos casos la sobrepoblación llega al 250%)
. Muchas veces se sigue delinquiendo o se incrementa la capacidad de reclutamiento de los cárteles desde el interior de los reclusorios.
Hay veces que las detenciones de capos o de operadores de los cárteles generan mayor violencia, por los nuevos arreglos que hacen tales grupos en la cúpula o respecto de los territorios en los que quieren trabajar. Esa violencia es la que afecta a los ciudadanos, que viven en permanente zozobra en muchas ciudades del país. Las ejecuciones se multiplican y pronto tendremos un saldo de más de 30 mil en lo que va del sexenio. Mientras que en el año 2005 se produjeron 1,776 ejecuciones, es probable que cerremos el año 2010 con una cifra cercana a las 10 mil. De ese nivel es el deterioro que hemos sufrido en la historia reciente del país. Se trata de un dato que podría muy bien equipararse al resultado de una guerra civil en pequeña escala.
La capacidad del Estado mexicano para sostener el costo de la “guerra” contra el narco es limitada. La Policía Federal cuenta con alrededor de 34 mil efectivos; el Ejército tiene más o menos 100 mil elementos que pueden estar operativos de forma permanente. Con las policías locales y municipales prácticamente no se puede contar, pese a que suman más de 430 mil elementos, debido a su debilidad institucional y a su nivel de penetración por los grupos de la criminalidad organizada. Los particulares que se lo pueden permitir por su alto nivel de ingresos se han protegido mediante seguridad privada, pero esa tampoco es una buena respuesta.
En vista de lo anterior, creo que la estrategia hacia adelante debería darse en dos frentes: en el frente legislativo para ir construyendo una progresiva despenalización de las drogas y una política pública de Estado para prevenir su consumo y tratar a las personas que ya son adictas; y en el frente de la seguridad pública para atacar los delitos que dañan gravemente a la mayor parte de la población, como lo son el homicidio, el secuestro, la extorsión, el robo, etcétera. Si en esas dos tareas tenemos éxito, estaremos sentando las bases de un futuro mucho más seguro y próspero para México.
Bajo esa perspectiva suena mucho más realista las ideas de ir desarticulando a las organizaciones criminales, menguando sus bases financieras, recuperando espacios públicos e invirtiendo lo que sea necesario para proteger a nuestros niños y jóvenes del drama de las drogas. Lo que no parece estar dando los resultados óptimos es la ruta que actualmente se está siguiendo, creo.
Los demás aspectos de la lucha contra la inseguridad, así como lo relacionado con el crecimiento económico y calidad educativa, serán objeto de análisis en otro texto.