Las palabras de un Rey.
Miguel Carbonell.
La gran lección de "El discurso del Rey", la película ganadora del Premio Óscar en el 2011, es que las palabras importan.
Importan tanto en la vida personal de cada uno de nosotros como en la historia de un país.
Las magistrales actuaciones de Colín Firth y Geoffrey Rush nos permiten advertir la lucha de un hombre que tiene todo el poder y que debe enfrentarse al desafío más elemental de todos: conquistar sus propias palabras, hacerlas suyas para poder llegar a reinar de verdad y para guiar a su pueblo en las difíciles horas de la guerra.
En un momento de la película, el Rey Jorge VI repasa con su familia la ceremonia de coronación a partir de la filmación del evento. El documental sigue corriendo y aparece de pronto un encendido discurso de Hitler a sus tropas, que sumaban decenas de miles de soldados. Jorge VI, el rey tartamudo, mira la pantalla seguramente pensando en el gran reto que tendrá que enfrentar Inglaterra para frenar a la todopoderosa Alemania. El Rey observa con atención y con algo de envidia a Hitler en su eficaz tarea de motivador de sus tropas y embelesador de su pueblo. Un triste ejemplo de que también las palabras sirven para hacer el mal.
Una palabra bien dicha, pronunciada en el momento oportuno, puede cambiar el rumbo de la historia. Ya se trate de una historia de amor o del destino de un país, todo lo que hacemos es comprendido o explicado por medio del lenguaje.
Quizá hace falta recordarlo a través de la complicada historia de un rey que no podía hablar y cuyas palabras eran, para su pueblo, absolutamente esenciales. La tarea de todos los que vimos la película es honrar su mensaje y utilizar con cautela y responsabilidad cada palabra, ya sea que la queramos emplear como escudo, como espada o como refugio.